Mi bisabuelo falleció relativamente joven, dejando una viuda con 7 hijos. Uno de los varones mayores (hermano de mi abuela) soñaba encontrarse con el "bicho", como le decían a los tantos pumas que merodeaban por el lugar en aquellos años. Le decía a su madre:
_Ojalá Dios me ponga un bicho al frente y que tenga mi escopeta y mi perro al lado._
El puma había hecho estragos entre las cabras y la viejita le pedía al hijo que saliera a campearlo a ver si veía algo. De mala gana, esa mañana con neblina baja, el muchacho se colocó su escopeta al hombro y llamó al perro. Salió con paso lento y sin expectativas, al llegar al crestón de donde se domina todo el valle, se detuvo sobre una gran laja que sobresalía formando por debajo una cueva...Oteó el horizonte...Nada, pero le sabía extraño que el perro se desviviera olfateando los alrededores y gemía, Por qué? Era un rastro y estaba cerca.
De pronto una rama detrás se quebró, y al muchacho se le heló el pecho. Muy despació miró sobre su hombro, entre miedo y sigilo, y ahí estaba, se estiraba cuan larga era buscando al perro, que ella (era una leona) sí había visto. Entonces el hombre se dió vuelta muy lentamente sacando la escopeta de su hombro...cuando jalara el percutor ella lo oiría.
Fue todo en uno. El perro la ataca y el bicho tirando espuma y baba quiere saltar buscando escapar, se supone, pero un solo tiro la alcanzó en el aire y quedó tendida.
Temblando llegó a la casa. _Mami maté a la leona_
_Dejá de macanear_ le dijo, _ En serio mami venga a verla_
Todos corrieron al crestón, allí estaba tendida largo a largo. Era muy grande.
Su sueño se había cumplido, había matado a su primer león con su escopeta y su perro. Tenía tan sólo dieciocho años.
martes, 29 de enero de 2008
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